Felipe de Edimburgo: el Príncipe consorte perfecto que puso a la corona y a su esposa de primero

El esposo de la Reina Isabel II murió este viernes a los 99 años de edad. Su mayor logro fue su servicio a su país 




Por Keiller Barón

Adiós para siempre al Príncipe Felipe de Edimburgo. El esposo de la Reina Isabel II de Inglaterra,  y próximo a cumplir 100 años, su Alteza Real murió esta mañana en el castillo de Windsor. 

   “Con un profundo pesar, su majestad la Reina Isabel II ha anunciado la muerte de su amado esposo su alteza real el príncipe Felipe, Duque de Edimburgo”, escribió la Familia Real en un breve comunicado de prensa.  

El príncipe Felipe de Edimburgo nació el 10 de junio de 1921. Fue hijo del príncipe Andrés de Grecia y Dinamarca y de la princesa Alicia de Battenberg. Además fue miembro de la Casa Real griega por nacimiento y de la británica por matrimonio. 

Su Alteza Real, también estudió en países como Inglaterra, Francia y Alemania. A los 18 años de edad entró en la Fuerza Armada del Reino Unido. A esa misma edad, conoció a la Reina Isabel, que tenía 13 años.

Felipe de Edimburgo se comunicó, mediante correspondencia, con Isabel durante la Segunda Guerra Mundial, mientras servía en la marina. 

No fue sino hasta 1947 que la pareja contrajo matrimonio. Para ese año, el Príncipe Felipe se nacionalizó británico y renunció a todos sus derechos a la corona griega. 

Debido a este matrimonio, el monarca británico Jorge VI, padre de Isabel, otorgó a Felipe los títulos de duque de Edimburgo, conde de Merioneth, Barón de Greenwich y caballero de la Jarretera. De esta manera,  el Príncipe consorte, anteriormente llamado Felipe de Grecia y de Dinamarca, empezó a ser conocido como Felipe de Edimburgo.   

Su Alteza Real fue reconocido en su carrera política por su amor y servicio a su país. Además, no solo fue fiel a su esposa, consolidando un matrimonio de 80 años, sino que también guardó fidelidad a la Corona Británica y apoyando en todo a la madre de la mancomunidad como lo establece la Constitución. Ese fue su mayor logro: ser el Príncipe Consorte perfecto. 

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